Joseph Stiglitz y Martin Guzmán llegaron el lunes último a Brasilia, en una andanza que recién concluyó el viernes en San Pablo. Y ni en el Distrito Federal, ni en la capital económica brasileña, tuvieron descanso. Pero el punto cumbre de esos días fue la reunión con el presidente Lula da Silva, el miércoles por la tarde. El jefe de Estado los recibió en el Palacio del Planalto, apenas unas horas después de aterrizar en el aeropuerto internacional Juscelino Kubitschek. Venía de Nueva Deli, donde participó durante cuatro días de la cita del G20, un foro cada vez más prestigiado donde el premier hindú, Narendra Modi, le pasó el bastón de mando.
Antes, el ex ministro argentino y el Premio Nobel de economía de 2001, entrevistaron a funcionarios top del gobierno brasileño: la lista incluyó al canciller Mauro Vieira, al vicepresidente y ministro de Industria Geraldo Alckmin y a su colega de Hacienda Fernando Haddad. Pero además tuvieron la oportunidad de dialogar con los magistrados del Supremo Tribunal Federal, donde Stiglitz disertó sobre “Los desafíos del crecimiento económico con estabilidad e inclusión social”. Hasta el ex juez y ex ministro Sergio Moro asistió a la exposición.
La intensa peregrinación del economista norteamericano y de Guzmán incluyó una conferencia en la Universidad de San Pablo (USP), en una sala colmada por alumnos y profesores -muchos quedaron afuera-, donde sin rodeos describieron las fracturas de un mundo que permaneció inmerso primero en una pandemia y luego fue sometido a aun guerra singular: la de Ucrania y Rusia. En ese contexto, se consagró el advenimiento de la multipolaridad, en simultáneo con notables avances tecnológicos, pero también con las sombras e incertidumbre de esos procesos.

En una conversación con esta periodista, el viernes por la mañana en San Pablo cuando ya comenzaba a despedirse de Brasil, Guzmán habló de los asuntos que habían motivado ese viaje con Stiglitz, el hombre que a fines de los 90 se desempeñó como economista-jefe del Banco Mundial. Ahora, en esta gira, abundaron sus críticas al Fondo Monetario. Acusaron a la institución, entre otras cosas, de conceder “un préstamo político inédito” a la Argentina durante la presidencia de Mauricio Macri, que fue “resultado de las presiones de Donald Trump”, en sus intentos de respaldar la fracasada reelección de Mauricio Macri.
Guzmán, que en breve cumplirá 41 años y que mantiene su residencia en el país, acusó el impacto de los cambios operados en Brasil luego del inicio en enero del tercer gobierno de Lula. “Se recuperó la imagen internacional de Brasil”, destacó en la charla con esta corresponsal. Tenía un ejemplo a mano: este fin de semana Lula está en Cuba, donde participa de la reunión del G77, un grupo creado en 1964 –descendientes del célebre movimiento de los “no alineados”– que congrega a 134 naciones en desarrollo, y que incluye a China desde 1992. Pero lo notable es que la siguiente parada del presidente brasileño es Estados Unidos, donde inaugurará con su discurso la asamblea anual de la ONU. Pero además volverá a reunirse con Joe Biden, “a quien aprecia mucho” en palabras de Guzmán. “Eso revela que, al mismo tiempo, Lula mantiene una buena relación con Estados Unidos y en particular con el Presidente Biden, que los fortalece”.
Desde ese punto de vista, el ex ministro argentino juzga que el líder brasileño “hoy está en un punto crítico dentro del mapa de la geopolítica: su país es una de las pocas democracias que esta funcionando bien. Entre las naciones más grandes, Brasil e Indonesia son las únicas dos democracias que funcionan y que pueden tener influencia en lo que es la geopolítica”. Stiglitz no ocultó a su vez una visión pesimista: “Odio decir esto, pero la democracia en los Estados Unidos está bajo ataque, no estamos yendo bien. Toda democracia debe hacer lo necesario para demostrar que funciona. Y cuando miramos alrededor del mundo, Brasil e Indonesia aparecen como las democracias más robustas”.

—¿Y la India?, indagó esta periodista a Martín Guzmán.
—No es el caso de la India que se encuentra en otras circunstancias, donde la democracia no funciona bien.
El joven economista, quién desde 2021 es miembro de la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano, recordó de su conversación con Lula da Silva que “el presidente ha puesto a la Argentina en un lugar muy importante de su agenda, al incluir al país en la agenda de la relación bilateral con China. Eso es muy importante, porque hay mucho interés de que el gobierno chino tenga también una postura de soporte de nuestro país”. Fue uno de los pocos momentos en que mencionó a Buenos Aires durante el diálogo. Y no es que tanto Stiglitz como él hayan evitado hablar del tema con las autoridades brasileñas, al contrario; ocurre que decidieron mantener un discreto silencio sobre lo tratado.
—¿Cómo ve la situación política brasileña?
—Brasil tiene una situación de fragmentación política, con 30 partidos en el Congreso; además de que Lula ha ganado las elecciones por un margen pequeño. A él lo veo como un político realmente brillante que debe lidiar con esa segmentación política, empeñado en evitar que haya fracturas en la sociedad. Entonces, se empeña en expandir los límites dentro de los que debe actuar y en ese sentido, lo que él nos cuenta, es que han logrado en pocos meses de gobierno hacer muchísimas políticas. Hay una recuperación del programa social; pudieron hacer aprobar la enmienda constitucional sobre política fiscal, que elimina el techo del gasto fiscal impuesto por una ley de 2016. Se hicieron 42 programas de inclusión social y de inversión.
“Usted ha mencionado la importancia del G20 en estos tiempos ¿Lo ve realmente como un foro de debate capaz de influir en los destinados del mundo? ¿Por eso lo eligieron como el ámbito donde pueden ocurrir transformaciones” quiso saber este medio. Guzmán respondió: “Sin duda es el principal foro de discusión. Se habló mucho de Naciones Unidas, pero ocurre que no tiene la potencia del G20. Y además se ha generado una oportunidad por el hecho de que Brasil tiene, desde ahora, la presidencia. Estoy colaborando junto a Stiglitz con el Gobierno de Brasil, en lo que es darle forma a la agenda del G 20, especialmente en un tema clave que es la que reforma que precisan los modelos de gobernanza de los bancos multilaterales de desarrollo de modo que haya más financiamiento para la transición productiva y ecológica de los países que necesitan para poder competir internacionalmente.
Al hablar del asunto, como un tema clave, no sólo se refería al Banco Mundial, sino también a otros organismos financieros internacionales. El ex ministro de Economía juzgó que “Brasil debería prestar mucha atención a la CAF (sigla de la Corporación Andina de Fomento) que hoy se ha convertido en el Banco de Desarrollo de América Latina y puede tener un rol central para el financiamiento productivo en la región. De esto hablé con el presidente Lula, el ministro Haddad y el vicepresidente Alckmin”.

—¿Cuáles son las razones de ese interés?
—Lo que nosotros planteamos es que el financiamiento para los desafíos que enfrenta la región no va a provenir ni de China ni las instituciones en las cuales Washington tiene mayor influencia. Y por eso es tan importante el rol que puede jugar Brasil en expandir las capacidades que tiene la CAF, la Corporación Andina de Fomento hoy convertida en Banco de Desarrollo de América Latina.
—¿De dónde vendrán los recursos?
—Si comparamos, por ejemplo, el tamaño del BNDES de Brasil con la CAF, el banco brasileño de desarrollo es muchísimo más grande. Sería bueno que la CAF vaya adquiriendo un peso mayor al actual, aunque en los últimos años ha crecido muchísimo y desde la dirección de la entidad están realizando un excelente trabajo. Creemos que sería bueno que Brasil la incluya dentro de su propia agenda de política exterior. Esto se lo planteé al asesor especial de Lula, Celso Amorim.
—¿Qué dijo al respecto?
—Lo tomaron con mucha atención. Pues coincide con la visión de ellos sobre desarrollo regional.
Con relación al FMI, el ex ministro juzgó que “sería clave que el gobierno brasileño lleve las consideraciones al directorio de la institución para promover un cambio de conductas, especialmente dada la presidencia de Brasil en el G20”. Frente a esta visión, Perfil interrogó “si esto es posible dado el peso de Estados Unidos en las cuotas y en el voto dentro de la entidad”.
La respuesta no se hizo esperar: “No hablamos de discutir las cuotas de los accionistas, sino de la acción política. Creo que Brasil debería empujar con fuerza la revisión de la política de tasas de interés, incluyendo los sobrecargos de los intereses. Esto se lo pedí especialmente al presidente Lula, por el impacto en los países endeudados. En esto, mi rol es ayudar a que cambien cosas en el FMI respecto de las políticas. Insisto que no se trata de cambios de sus estatutos, sino de empujar mudanzas en la dirección que señalé”.
Guzmán explicó, en forma minuciosa, cuál es la visión que detenta acerca de las grandes corporaciones mundiales en el mundo actual. “Nuestra visita con Stiglitz también es en calidad de miembros de la ICRICT (Independent Comision for the Reform of International Taxation), formada precisamente para abordar uno de los mayores problemas globales: el de las guaridas fiscales, donde se esconden las riquezas de las grandes corporaciones. Estas logran evitar el cobro de impuestos, pese a recibir los beneficios de las grandes inversiones de los estados nacionales”. Añadió que “en particular creo que Brasil debe tomar posición en la reforma tributaria internacional”.
Con Alckmin, que comanda el ministerio de Industria, tanto el Premio Nobel de Economía como Guzmán abordaron “lo que en Brasil denominan la neo industrialización, y por consiguiente la política de desarrollo tecnológico del país. No sólo está referido a las innovaciones ecológicas y de protección del medio ambiente sino también a la agregación de valor de los sectores de alta tecnología”.
Lo que es preciso definir para la región “y para la Argentina, es si vamos a depender de la producción de China y de Estados Unidos, en el contexto de una guerra fría, para lo que es la industria de semiconductores y chips, o vamos a tener cierta oferta propia en el continente. Es importante, en ese sentido, saber cuál será en Brasil la política para la producción y el aporte del BNDES en ese ámbito”.
* Desde San Pablo.








