Cambia la composición de flujos migratorios hacia EEUU, aseguran expertos

El joven venezolano Deibis Sequeda llegó a Washington en uno de los buses fletados con inmigrantes irregulares que el gobernador de Texas, Greg Abbott, envió a la capital estadounidense en agosto de este año.

Sequeda ha pasado los últimos cinco meses -desde el 21 de julio cuando fue admitido en la frontera sur- con un permiso de estancia temporal que le da la oportunidad de pedir asilo.

En una odisea que duró varios meses de travesía desde que salió de la región de Medellín, Colombia, Sequeda tuvo que atravesar la selva del Darién en Panamá y sortear todo tipo de vejámenes, pero también encontró muestras de solidaridad a su paso por Centroamérica y México hasta llegar a la frontera sur de Estados Unidos, relató a la Voz de América.

“Mi decisión era (ir a) Miami”, dijo, mientras rememora que en lugar de eso había sido llevado a Washington en bus, incluso sin saber que ese sería su destino.

El bus que lo llevó a la capital estadounidense fue uno de varios enviados con migrantes a estados mayormente demócratas como parte de un plan de los gobernadores republicanos de Arizona, Texas, Florida y otros estados sureños para presionar al gobierno de Joe Biden, a quien culpan por el incremento de la migración irregular.

Sequeda no tiene familiares en EEUU y fue ubicado en uno de los hoteles convertidos en albergues temporales por la alcaldía de la capital estadounidense mientras lograba valerse por sus propios medios.

Este joven dice que ahora salió del hotel y está buscando una solución legal a su caso, pues la falta de un permiso de trabajo también le dificulta resolver su subsistencia.

El director del Centro de Recursos para Centroamericanos (CARCEN) en Washington, Abel Núñez, argumentó que la situación de los migrantes venezolanos, nicaragüenses y cubanos, que son parte de la problemática de la migración regional, evidencia las contradicciones de la política migratoria del gobierno federal.

Núñez dijo que si bien esos albergues temporales para los migrantes son un soporte, la imposibilidad de poder optar por un permiso de trabajo dificulta su integración e incluso les obliga a trabajar de manera informal o valiéndose de documentos falsos.

“No hay entendimiento entre el gobierno federal y las localidades, porque la gente vive dentro de una municipalidad, pero la política inmigratoria es federal, mejor hubiese sido que les hubieran dado un permiso de un año con permiso de trabajo y esto hubiera cambiado completamente, porque al momento de entrar hubiesen podido encontrar trabajo formal, generar recursos y pagar su propia vivienda”, dijo Núñez.

El experto agrega que al analizar el comportamiento histórico del fenómeno migratorio, es claro que los patrones de movilidad quedan y se consolidan con el tiempo, por lo que al ver este año la llegada masiva de venezolanos o nicaragüenses, podremos esperar en los próximos años más llegadas de nacionales de esos países.

Un año en claves

El 2022 ha dejado significativas lecciones para el estudio y comprensión del «complejo tema migratorio» en cuanto a cambios tanto en las formas de movilidad, composición de grupos migrantes y nuevas dinámicas, explica a VOA Ariel Ruiz, analista de políticas del centro de análisis Migration Policy Institute (MPI), en Washington.

Ruiz destaca que más migrantes de países del continente están emprendiendo travesías peligrosas a través de la selva del Darién con la intención de llegar a EEUU como principal destino.

“Quizá el cambio más importante que hemos visto este año en términos migratorios es el cambio en el flujo que se ha hecho más diverso, pero a la vez más complejo en la región latinoamericana, pero también en el hemisferio en total y hemos visto un aumento de personas migrantes de países que antes eran menores”, explica Ruiz.

Este experto señala que cada vez más quienes atraviesan el Darién no son solo venezolanos, sino también colombianos, ecuatorianos y de otros países sudamericanos. También migrantes de otras regiones del mundo están tomando esa peligrosa ruta para llegar a EEUU, agregó.

Sequeda, el migrante venezolano, dijo que atravesar esa región es de alto riesgo, no solo por los atracos que sufrió en medio del “desierto verde”, sino por otros peligros. «Uno tiene que ir con mucho cuidado porque si se para mal en el lodo y se fractura un pie, no hay quien le ayude a salir de ahí”, agregó.

¿Qué pasa con los niños acogidos?

La atención sobre los niños o menores de edad no acompañados que en 2021 fueron foco de atención en la frontera sur ha bajado, pero no porque no sigan llegando, coinciden los expertos, sino porque existe una infraestructura para recibirlos y procesarlos.

Un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y MPI presentado esta semana concluyó que cuando esos menores son reclamados por padres o familiares en EEUU “pierden el acceso a la gestión de casos críticos, atención médica y de salud mental y otros servicios sociales” facilitados durante la custodia por parte del gobierno federal.

“Si bien los gobiernos locales, los proveedores de servicios posteriores a la liberación y otros ofrecen una gama de servicios para apoyar a estos niños, la transición a las comunidades estadounidenses puede ser difícil para estos jóvenes migrantes y sus familias porque la infraestructura del servicio y la facilidad de acceso varían de un lugar a otro”, explica el informe.

El estudio propone algunas alternativas para que estos menores de edad no queden rezagados y puedan avanzar en su proceso de integración, promoviendo la eficacia y vigilancia de los programas gubernamentales posteriores a la liberación.

“Tomar estos pasos posicionará mejor a los niños no acompañados para prosperar, y las comunidades a las que se unan se beneficiarán de sus habilidades, creatividad, contribuciones y perspectivas diversas. Con demasiada frecuencia, las necesidades de los niños no acompañados no se abordan adecuadamente, lo que afecta negativamente su bienestar y desarrollo a largo plazo”, indica el estudio.

La investigación consigna que unos 536.000 menores que llegaron a la frontera no acompañados han sido entregados a patrocinadores desde el año fiscal 2014. La mayoría se concentra en estados con enfoques distintos sobre el tema migratorio, entre ellos Texas, California, Florida y Nueva York. Estos cuatro estados habrían recibido unos 45.000 niños cada uno.

Las perspectivas para el 2023

A punto de cerrar este año y abrir la perspectiva para el 2023, los expertos no dudan que el fenómeno migratorio seguirá marcando tendencias y retos para las autoridades estadounidenses y de otros países.

Ruiz dijo que para 2023 esperaría el cumplimento de los compromisos asumidos por los presidentes de los países que participaron en la Cumbre de las Américas en junio de este año, entre ellas la implementación de medidas en la política doméstica para evitar el éxodo.

“El 2023 va ser un año complicado. Empezamos ya con casi niveles record en los últimos meses de este año de la migración hacia Estados Unidos, pero quizá lo que va a descifrar el año y cómo nos va ir con la migración tiene que ver más con los compromisos que cada país de la región se ha puesto a sí mismo”, dijo el analista de MPI.

La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (CBP) reportó 2,76 millones de encuentros con migrantes en la frontera en el año fiscal 2022.

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