Groenlandia dice no a Donald Trump: la isla prioriza su autonomía y lazos con Dinamarca frente a la presión estadounidense, reafirmando la voz de su mayoría inuit en un territorio estratégico en el Ártico.

“Si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca, aquí y ahora elegimos a Dinamarca”, declaró el primer ministro de Groenlandia, Jens‑Frederik Nielsen, en una rueda de prensa junto a la primera ministra danesa, en la que ambos fijaron su postura frente a las crecientes amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump de hacerse con el control del territorio groenlandés.
Groenlandia es mucho más que una ficha en el tablero geopolítico de Europa o Estados Unidos: en este país de unos 57.500 habitantes, cerca del 90 % de la población pertenece a la comunidad indígena inuit, que ha vivido allí desde mucho antes que los propios daneses, con culturas, creencias y una visión espiritual y ambiental del territorio que no se ajusta necesariamente a las lógicas y costumbres europeas.
De hecho, un sondeo reciente publicado por los diarios groenlandés Sermitsiaq y danés Berlingske, realizado por la firma Verian en enero de 2025, reveló que el 85 % de los groenlandeses prefiere permanecer bajo el mandato de Dinamarca, en medio de las presiones del presidente Trump para “poseer” la isla como defensa estratégica ante Rusia y China. Este rechazo mayoritario refleja la voz de la comunidad inuit, que ha luchado por su autonomía desde la era colonial danesa.
“Estados Unidos tiene un historial de maltrato, exclusión y violencia contra los pueblos indígenas, lo que explica la desconfianza de los inuit hacia el Estado estadounidense”, aseguró Alejandro Bohórquez, docente FIGRI de la Universidad Externado de Colombia.
Actualmente, Groenlandia es un territorio autónomo del Reino de Dinamarca, con su propio gobierno local que gestiona la mayoría de los asuntos internos, mientras Dinamarca retiene control exclusivo sobre defensa y política exterior.
“Los inuit de Groenlandia, Canadá, Alaska y algunas regiones de Rusia perciben al Estado como una creación europea y blanca, ajena a sus realidades. Por ello, más que integrarse plenamente en él, buscan formas de autonomía que les permitan desenvolverse dentro de esas estructuras sin perder su identidad”, afirmó Bohórquez.
La posición geográfica de Groenlandia, entre América del Norte y el Ártico, la convierte en un enclave central para los sistemas de alerta temprana ante ataques con misiles y para monitorear el tránsito de embarcaciones en esa región estratégica, según la BBC.
Por esto, Donald Trump ha intensificado su interés en la región, dispuesto a negociar, pero sin descartar una “intervención militar” para controlarla, alegando que la isla está repleta de barcos rusos y chinos “por todas partes”. Sin embargo, EE. UU. ya mantiene unos 100 militares permanentes en la base Pituffik, en el extremo noreste de Groenlandia, desde la Segunda Guerra Mundial, con autorización danesa para desplegar tantas tropas como desee en el territorio.
En Groenlandia existe un movimiento independentista que se remonta a los años 70, parte de la lucha indígena por descolonizar su territorio, que antes de convertirse en foco de tensiones geopolíticas era simplemente su hogar ancestral. Los inuit —también conocidos históricamente como “esquimales”— se establecieron allí alrededor del año 1300, según National Geographic.
“Dinamarca, aunque ha sido un poder colonizador, ha promovido en las últimas décadas lo que denomina un ‘colonialismo compasivo’, otorgando una amplia autonomía a Groenlandia. De hecho, Copenhague ha expresado que, si Groenlandia decide independizarse de manera pacífica, no se opondrá a ese proceso”, explicó Bohórquez.
Consentimiento y autodeterminación: claves en el derecho internacional
Dentro del derecho internacional, Estados Unidos tendría dos opciones para “adquirir” pacíficamente a Groenlandia, según el profesor de derecho internacional de la Universidad del Rosario, Enrique Prieto-Ríos.
Es crucial entender que no basta con acordar una transferencia solo con Dinamarca, pues dos leyes internas danesas —el Home Rule Act de 1979 (Ley de Autogobierno) y el Act on Greenland Self-Government de 2009 (Ley de Autogobierno Groenlandés)— reconocen el derecho de autodeterminación de la isla y exigen la autorización y consentimiento explícito del pueblo groenlandés para cualquier cesión de soberanía.
“El segundo pilar fundamental para entender lo que ocurre con Groenlandia es el principio de autodeterminación. Cualquier opción que se adopte, para ser legal conforme al derecho internacional público, debe respetar necesariamente dos elementos clave: la autodeterminación y el consentimiento expreso de la población involucrada”, explicó Prieto- Ríos.
Adicionalmente, el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas obliga a todos los países a respetar la soberanía de las naciones. Estados Unidos debe acatar los principios de autodeterminación y consentimiento libre, establecidos tanto en el derecho internacional como en tratados que ha ratificado.
Aunque un ataque militar estadounidense a Groenlandia resulta improbable según el experto, Dinamarca ha desplegado tropas alemanas y suizas en su territorio nacional a petición propia, como medida de disuasión frente a las crecientes tensiones.
Además, un ataque de Estados Unidos a la isla generaría graves consecuencias en mecanismos internacionales como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN): expertos citados por la Sociedad Española de Radiodifusión afirman que la alianza desaparecería, al violar su principio fundacional de defensa mutua entre miembros, donde un ataque a uno equivale a un ataque contra todos.
“No creo que Estados Unidos esté considerando seriamente una opción militar, ya que sería un fracaso absoluto y generaría una situación de responsabilidad internacional mucho más clara y delicada para el país”, afirmó el profesor.
Reunión sin respuestas
Este miércoles 14 de enero, el ministro de relaciones exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, y su homóloga groenlandesa, Vivian Motzfeldt se reunieron en Washinton D.C co el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio para concretar sus visiones sobre el futuro de Groenlandia.
“No conseguimos cambiar la postura estadounidense. Está claro que el presidente tiene el deseo de conquistar Groenlandia. Y dejamos muy, muy claro que eso no beneficia al reino” de Dinamarca, señaló el ministro danés, Lars Løkke Rasmussen, tras la reunión.
El canciller añadió que este tema es “muy sensible” para los habitantes de Groenlandia y Dinamarca, un aliado de la OTAN que apoyó con tropas las invasiones estadounidenses de Afganistán e Irán, según la agencia AFP.
Aún persisten muchas más inquietudes sobre el futuro de Groenlandia que respuestas claras, así como soluciones diplomáticas a estas diferencias entre las regiones. Estas tensiones subrayan el creciente interés de Estados Unidos en el Ártico, lo que genera preocupación en América Latina por posibles repercusiones en la soberanía regional y las relaciones bilaterales.
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