Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Resultados de una búsqueda en internet de avisos japoneses previniendo presencia de osos y otros animales salvajes.Gonzalo Robledo

Las nuevas generaciones de osos japoneses están perdiendo el miedo a los humanos y, urgidos por la falta de comida en los bosques, se acercan a los huertos de los pueblos, atacan personas y han creado una situación de emergencia nacional.
(Lea acá más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Alertado por el fenómeno, el gobernador de Akita, la prefectura más afectada por los ataques de osos en 2025, se acercó al Club de Corresponsales Extranjeros de Tokio en diciembre pasado y en una mezcla de conferencia y llamada de auxilio explicó el origen del problema.


Antes de empezar, el funcionario, Kenta Suzuki, se disculpó por tener que hablar de fauna salvaje cuando su región es famosa por los perros Akita, la raza de Hachiko, el canino que esperó a su amo diez años a la salida de una estación sin saber que había fallecido y cuya historia fue contada en una película de 2009 protagonizada por Richard Gere.


Suzuki informó que durante 2025 en Akita se registraron 66 agresiones de osos a humanos y cuatro muertos, frente a un total de 220 ataques y trece fallecidos en todo Japón.


En ese mismo período se avistaron osos en Akita unas 13.334 veces, un número sin precedentes al que se suma el hecho de que muchos de los plantígrados se acercaban a las zonas pobladas con sus crías.


La principal razón de que los osos se vuelvan más atrevidos, explicó Suzuki, es el descenso de la población, un problema transversal que en Japón genera múltiples crisis simultáneas en la economía, la sociedad, la seguridad y el medio ambiente.


Muchos pueblos tienen calles llenas de casas en las que apenas vive gente y los gobiernos regionales animan sin éxito a los jóvenes a poblar el campo.


“No quiero echarle la culpa a los osos”, dijo el gobernador y señaló al cambio climático que ha retrasado o reducido la presencia de hayas y otros frutos que normalmente consumen. Por esa razón los osos se acercan más a los huertos abandonados donde hay árboles rebosantes de frutas que se pudren sin que nadie las recoja.


Después de explicar la fuerte caída del turismo provocada por las noticias de osos, Suzuki asumió su papel de promotor regional y mencionó los atractivos paisajísticos y gastronómicos de Akita e invitó a la prensa extranjera a viajar a su prefectura.


Pero más que degustar buenas sopas y célebres marcas de sake, visitar Akita puede ser una oportunidad de explorar el efecto de la contracción demográfica en la ecología en un país que se adelanta a fenómenos que parecen inevitables para el resto del mundo industrializado.


Y, sobre todo, de ser testigos de la erosión de la confianza humana en el propio territorio


* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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